Sofía Meneghetti / Elvio Alcaraz
El viernes por la noche tuvimos la oportunidad de vivir algo más que un festival folclórico. La experiencia de un auténtico patio santiagueño.
Y cuando hablamos de patio santiagueño no nos referimos simplemente a un patio ubicado en Santiago del Estero. Hablamos de un lugar de encuentro donde la cita es con la chacarera, con la familia, con los amigos y con esas canciones que tienen tanto para decir sobre nuestra vida cotidiana, sobre nuestro pueblo y sobre las costumbres más simples y, quizás por eso mismo, más hermosas.
En el patio santiagueño la música no se escucha solamente. Se comparte. La chacarera puede bailarse en pareja, pero encuentra su sentido más profundo en la ronda, en ese movimiento colectivo que invita a girar, a mirarse, a reconocerse y a abrazarse. Lo mismo sucede con la zamba, con ese pañuelo que dibuja figuras en el aire y parece expresar sueños, alegrías y esperanzas, como una forma de decir “acá estoy”.
La propuesta llegó de la mano de la Peña Sonckoy Carabajal, encabezada por Cuti y Roberto Carabajal, dos nombres fundamentales para comprender la historia y la vigencia del folclore argentino. La cita tuvo además un valor especial porque fue el primer espectáculo realizado después de la reinauguración de la Segunda Seguros Arena, que apenas un día antes había presentado oficialmente su nueva identidad.
Para la ocasión, la sala también se transformó. A las habituales opciones gastronómicas se sumaron empanadas, guiso de lentejas y vino tinto, una presencia inédita en este tipo de espacios, pero indispensable para recrear el clima de una verdadera peña. Guirnaldas rojas decoraban el lugar, mientras que una amplia pista central quedaba rodeada por mesas ubicadas a los costados, invitando al encuentro y al baile.
Y la invitación fue aceptada. Durante toda la noche la pista permaneció ocupada. Chacareras y zambas convocaron a cientos de personas que bailaron sin interrupciones, generando una imagen poco habitual incluso para una sala acostumbrada a recibir espectáculos masivos. A diferencia de otros recitales, donde el público suele permanecer frente al escenario, aquí el baile fue protagonista desde el comienzo hasta el final.
Sobre el escenario, Cuti Carabajal se convirtió en mucho más que un músico. Fue un maestro de ceremonias que entre canción y canción compartió anécdotas, recuerdos de viajes y encuentros con otros artistas, construyendo un relato que ayudó a entender la profundidad cultural de la música que estaba sonando. Su calidez y capacidad para narrar historias terminaron de darle forma al espíritu de la noche.
La grilla reunió además a invitados de distintos universos musicales. Sergio Torres aportó el color de la cumbia santafesina, primero compartiendo canciones junto a la banda estable de los Carabajal y luego ofreciendo un breve set propio con músicos especialmente convocados para la ocasión. También dijeron presente Juan Carlos Baglietto, uno de los artistas más representativos de Rosario, y Los Tabaleros, referentes de una nueva generación folclórica que combina tradición, irreverencia y una búsqueda estética propia.
A lo largo de la noche fueron muchos los artistas que pasaron por el escenario. Cada uno mostró su personalidad, su manera de interpretar y de habitar la música. Cada uno brilló desde su individualidad. Sin embargo, hubo algo que atravesó todas las presentaciones. La sensación de que los músicos estaban al servicio de una expresión mucho más grande que ellos mismos.
Porque en un patio santiagueño el artista no ocupa el centro de la escena como una figura aislada. Más bien se convierte en un puente, en un canal a través del cual se expresa una cultura compartida, una memoria colectiva y una forma de entender la vida. Lo que se canta y se baila pertenece tanto a quien está sobre el escenario como a quienes lo escuchan, lo acompañan con las palmas o se animan a salir a la pista.
Esa fue, quizás, la verdadera esencia de la noche. Una celebración donde la música popular volvió a demostrar que puede reunir generaciones, tender puentes y recordarnos que algunas de las cosas más lindas de la vida siguen ocurriendo alrededor de una canción, una ronda y un abrazo.
Extra
Además de la cobertura de la Peña Sonckoy Carabajal, tuvimos la oportunidad de acceder al camarín para conversar con Los Tabaleros, quienes regresarán a Rosario el próximo 15 de agosto para presentarse en Sala de las Artes.
La entrevista fue realizada en formato audiovisual y será publicada en las redes de Rockógrafo. Actualmente nos encontramos resolviendo un inconveniente técnico con nuestra cuenta de Instagram, por lo que el material aún no pudo compartirse. Una vez solucionado ese problema, la entrevista completa estará disponible para todo el público.

