De pie ante una leyenda: Public Image Ltd. en Rosario

De pie, en una sala relativamente chica, estábamos viendo una leyenda. Y quizás, recién ahora, termino de dimensionarlo.

Porque sí: John Lydon, el mismo que supo dinamitar la historia de la música con Sex Pistols, pisó Rosario con Public Image Ltd.. Y no en un estadio, ni en un festival, sino en la intimidad de la Sala de las Artes.

Un gesto que ya dice bastante. Podría exigir cualquier otra escala. No lo hace.

Yo no llegaba como fan de PiL. Todo lo contrario: los había escuchado de forma dispersa, perdidos entre playlists, sin conocer realmente su obra. Pero sí venía con una mochila pesada, y bastante más emocional: una etapa de fanatismo absoluto por los Pistols, biografías devoradas (Sid Vicious y la autobiografía del propio Lydon) , fascinación intacta por el impacto cultural de ese caos llamado punk.

Así que sabía que iba a ver a alguien importante.
Lo que no sabía era qué carajo me iba a encontrar.

Un show sin nostalgia

El público rondaba los treinta y largos. Muchas remeras de los Pistols. Algunos devotos. Otros, como yo, más cerca de la curiosidad que de la certeza, pero con la certeza que estabamos viendo un icono cultural.

Y entonces arrancó.

Lo primero que golpea es la presencia. Lydon no necesita demostrar nada, pero igual lo hace. Se mueve como alguien que entiende perfectamente quién es arriba del escenario: una figura incómoda, provocadora, intacta en su esencia.

No hay nostalgia. No hay guiños fáciles.
Hay presente.

Musicalmente, el show fue una sorpresa total. PiL suena actual. Ridículamente actual. Temas nacidos en los ‘70 que podrían haber salido el año pasado sin desentonar en absoluto. Bases densas, climas oscuros, momentos casi electrónicos, pasajes más luminosos: un recorrido que nunca se queda quieto.

Durante casi una hora y cuarenta, la banda construyó una experiencia que no se apoyó en el pasado, sino en una vigencia que pocos pueden sostener.

La cercanía de lo irrepetible

Hay algo que termina de cerrar la noche: el contexto.

No fue un show masivo. No fue un evento épico en términos de producción. Fue mejor que eso. Fue cercano. Tangible. Real.

Ver a Lydon a pocos metros, en una sala como esta, es de esas cosas que no se repiten. Un tipo que podría vivir de su mito, pero que decide seguir tocando, seguir exponiéndose, seguir siendo, para bien o para mal, exactamente lo que quiere ser.

Todavía cayendo

Cuesta procesarlo incluso después.
Cuesta ponerlo en palabras.

Pero hay una certeza que queda flotando:

Vimos a una leyenda viva.

Y por un rato, en Rosario, esa historia dejó de ser mito para convertirse en presente.

Y sí, todavía cuesta caer que vimos en vivo a fucking Johnny Rotten.

Deja un comentario