Cielo Razzo convirtió el frío rosarino en una fiesta rockera

El frío pegaba fuerte el viernes en Rosario. De esos que te hacen dudar unos segundos antes de salir de casa. Pero había algo más fuerte que la temperatura: tocaba Cielo Razzo en el Metropolitano y todos sabíamos que la noche iba a terminar siendo una fiesta.

Afuera del predio, mientras esperábamos para entrar, la escena era bastante clara: camperas, capuchas, alguna cerveza para combatir el clima y grupos enteros hablando de canciones, recitales y del fin de semana rockero que se venía. Porque sí, se sentía en el aire. Rosario estaba en modo rock. Al otro día tocaba Pity Álvarez en el Autódromo, pero esa noche era toda de Cielo Razzo.

Y en medio de esa espera pasó algo que resume bastante bien el vínculo de la banda con su gente. Pablo Pino apareció caminando por la puerta principal del Metropolitano, mochila al hombro, entrando como uno más. Sin esconderse, sin vueltas raras. Obviamente no hizo la fila, pero sí pasó saludando a todos los que estaban ahí congelándose para verlo tocar unas horas después. Un gesto simple, pero que dice mucho de la cercanía que mantiene la banda con su público.

Ya adentro, el clima era otro. El frío quedó afuera y el calor empezó a sentirse rápido, tanto por la cantidad de gente como por la expectativa. Un consejo de experiencia recitalera: si el show es en el salón Libertad (creo que se llama asi, es el que esta a la izquierda cuando ingresas) y vas al baño, salís prácticamente al lado del escenario. Sin empujar, sin atravesar gente. Puerta del baño y pum, ahí está el escenario.

Antes del show principal tocaron La Grecia y Hostel, calentando una noche que ya venía tomando temperatura desde temprano.

Y cuando salió Cielo Razzo, explotó todo.

La banda arrancó fuerte, al palo, como acostumbra. El público no dejó de saltar, cantar y empujar durante todo el show. Hubo pogo, abrazos, cerveza volando y esa energía tan característica de las fechas de la banda. Nosotros estábamos bastante adelante, así que al principio era imposible dimensionar cuánta gente había realmente. Pero en un momento nos fuimos hacia atrás y ahí apareció la imagen completa: el Metropolitano estaba lleno de punta a punta. Y lo mejor era que el agite seguía igual atrás: grupos de amigos abrazados, saltando y coreando cada tema.

Porque si algo quedó claro esa noche es que Cielo Razzo tiene un público tremendamente fiel. Fiervente, rockero y dispuesto a bancarse el frío que sea con tal de vivir otra noche de esas que Rosario sabe hacer tan bien.

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